La escultura, como la danza, la música, la arquitectura, la pintura y la poesía recoda fuera del caudal de lo enunciable para poder ser. Aunque ineludible que salga seca, su humedad no contrae los efectos de una jerarquía discursiva. La inteligencia creadora late esparcida en todas las cosas, la responsabilidad de esculpirla, de hallarla, está en las manos.